Cómo aprender (cualquier cosa)

Hola de nuevo. Volvemos a la carga tras una impresionante temporada de altibajos emocionales. Nadie dijo que la vida fuera sencilla.

Hoy, mientras practicaba, he decidido compartir con todos los presentes mis métodos para aprender cualquier cosa. Desde canto (no creáis que he mejorado algo…) a diseño en 3D pasando por encestar un balón o tocar la guitarra. Como autodidacta, he desarrollado unas pautas que nos van bien a cualquiera. En serio, a cualquiera.

La regla de oro: echarle pasión

Cualquier cosa que vayas a aprender lo vas a hacer por dos motivos: bien porque lo necesitas, bien porque quieres. En cualquiera de los dos casos tienes que buscar tu motivación. En el segundo caso es directa, narices, tu motivación para aprender lo que quieres aprender es SABER lo que quieres aprender.

El primer caso es más complicado.

Cuando necesitas aprender algo tienes que indagar en por qué lo necesitas. Seguramente ahí encuentres tu motivación: una mejora laboral, ahorrarte un dinero, hacer feliz a alguien a quien quieres…

Ponte un horario

Media hora de guitarra, media de ukelele, un cuarto de hora de canto (y otro cuarto de hora de perfil)…

No te lo saltes y, si no puedes dedicarle todo el tiempo que quieres dedicarle, haz un descanso de otra actividad con lo que quieres aprender. Lo importante es NO DEJARLO por falta de tiempo. Hasta una dedicación mínima al día produce unas mejoras importantes.

Descansa de vez en cuando

Puede que estés demasiado motivado y te lances hasta el agotamiento. Ponte un horario de descansos y, como el anterior, no te los saltes. Para cualquier cosa siempre es mejor estar fresco.

Rétate

De nada sirve ponerse a aprender algo si no mantienes el ritmo por encima de lo que eres capaz, pero oye, no llegues a eso que llamamos «Objetivo Imposible». Si tu meta está muy en la lejanía, amigo, lo dejarás por hastío.

Hoy vas a aprenderte ese riff que tanto te cuesta hasta que te salga casi perfecto, pero la canción entera vamos a dejarla para más adelante, ¿vale?.

No te aburras

Es importantísimo no aburrirse cuando aprendes algo. De echo, lo mejor, es no llegar al aburrimiento y dejarlo en el pico de divertimento.

Pero… ¿Por qué lo voy a dejar cuando mejor me lo estoy pasando?

Es un método conductista muy sencillo y lo usan en las series y en los libros mucho: terminar el capítulo en un cliffhanger. Te produce la necesidad de más. Quieres más, pero hasta mañana nada. Mañana querrás de nuevo tu dosis de dopamina y cogerás tu aprendizaje con más ganas.

Lo mismo si estás aprendiendo, por ejemplo, una pieza, y esa pieza te aburre desde el principio: cámbiala por otra que te gusta antes de terminar. E incluso, busca otra que te agrade en su lugar. No tienes porqué aprenderte el Romance Anónimo en guitarra para aprender punteo.

También puede hacerse necesario que aprendas algo aburrido, porque sí. Tardarás más, pero lo importante es motivarte a ti mismo para no dejarlo: prémiate al terminar. Tú sabrás que te gusta, pero solo prémiate si cumples tu horario o tus objetivos. No lo uses como una huída, sino como un premio. Trátate como un perro aprendiendo un truco.

Ve despacio

Es un tópico, pero antes de correr aprendes a andar y antes de andar a no tropezarte con tus propios pies. Ve todo lo lento que necesites, la velocidad se adquiere sola según le vas cogiendo «el truco». En serio, no es necesario ser un virtuoso de nada, eso lo da la práctica.

No te castigues

No seas gamba, estás aprendiendo, lo vas a hacer mal. Muchas veces. Otras acertarás y volverás a fallar. Insiste, en eso consiste. Si lo haces bien a la primera nada aprendes de lo que estás haciendo. ¿Para qué lo haces? Vuelve atrás y rétate.

Aprendes de lo que no sabes, no de lo que ya sabes. Si lo sabes no lo aprendes. Si lo crees saber, tampoco. Tienes que ser sincero contigo mismo antes de embarcarte en un aprendizaje, no tenerle miedo al fracaso y ser temerario.

Ánimo, amigo, nos leemos en las redes.

No me he olvidado

¿Por dónde empezar?

Llevo una temporada con medicación y terapia. Me está costando mucho retomar mis aficiones, entre estas la guitarra.

De oirme cantar la ducha está hartita.

De todos modos, quiero regresar. Aunque más pausadamente, no lo he dejado. Poco a poco se anda el camino.

Uoooooooh

Ah, y posiblemente terminéis escuchándome con el ukelele…

Piano piano

Prefiero esta expresión a hacer cualquier referencia a cierta canción de hace un par de años…

En las últimas semanas he tenido un parón en el blog debido, principalmente, a una cuestión de tiempo. También a una cuestión de ánimo. Ha habido un cambio importante en mi vida laboralmente hablando. Un cambio que ha ocupado gran parte de mi pensamientos, mi tiempo y mis sentimientos.

Sentimientos

De eso trata la música, principalmente. De sentimientos.

Diréis que podría aprovechar y componer algo, pero no me atrevo a abrirme así todavía. Puedo contaros un poco por encima cómo me siento, la verdad. Siento algo entre la euforia y la tristeza, entre la preocupación y la esperanza. Esperanza porque parece que, al fin, puede irme bien económicamente hablando. Preocupación porque no tengo certeza absoluta de que lo anterior se vaya a producir y tengo que esforzarme. Tristeza porque me han separado de mis compañeras de trabajo, unas bellísimas personas a las que echo mucho de menos. Euforia porque no sé cómo gestionar todo lo anterior.

Me es muy dificil encontrar cada día la canción y la tonalidad. Con un estado de ánimo tan voluble hay días que necesito algo lento, días que necesito algo rápido. Hay días que necesito gravedad y días que necesito alegría. Los días de más tensión no quiero ritmos y aprieto la mandíbula.

Me ayuda a conocerme, aún más, a mi mismo.

¿Cómo llevo la guitarra?

No he aprendido nada nuevo. Me he centrado en perfeccionar los cambios de acordes y en mejorar el punteo con los dedos.

Las cejillas me siguen costando, aunque cada vez menos. Los cambios de acorde en los que tengo subir varios trastes solo los consigo según mi estado de ánimo.

Intento llevar los ritmos, pero me acelero a medida que voy tocando y cantando. Me pasa lo mismo bailando.

¿Bailando?

Sí, he empezado con bailes de salón. Me he metido con mi señora (ella ya tiene un nivel) en unas clases de iniciación. Llevo dos y, aparte de una descoordinación entre las caderas, me pasa lo mismo que con la guitarra: me acelero. Sé que este problema lo corregiré a la vez tanto en uno como en otro.

¿Y el canto, qué tal?

Despacio, muy despacio. Ha mejorado mi afinación y puedo cambiar de escala sin mucho problema. Desgraciadamente, mi referencia es una guitarra que está, como visteis en el post anterior, deformada y la tercera cuerda no solo me da guerra sino que desafina de una punta a otra y de formas diferentes. Por suerte mi oído se está acostumbrando y ya sé si lo hago regular o mal directamente.

Con todo, sigo practicando y no me olvido de vosotros Un abrazo.

Afinar con afinador electrónico

Antes de meternos en faena, os tengo que hablar de mi guitarra, ya que es importante para saber porqué hago lo que hago. Y cómo lo hago.

La guitarra con la que toco es la típica guitarra española que «te queda grande» y te hace parecer un niño pequeño abrazado a un violoncelo. Ya sabes, de esas guitarras que tienen diapasón, doce trastes hasta el cuerpo y alguno más hasta el hueco, tapa y cuerdas. ¿Vuestra guitarra tiene tapa? Si no es así haceos con una, es muy útil.

Vaciles aparte, en realidad no sé cuánto tiempo tiene la guitarra. En breve hará tres meses conmigo, pero sé que su edad puede contarse en años. Poco más. Cuando me llegó a las manos estaba nueva. Las cuerdas estaban nuevas. El diapasón no tenía ni rastro de haberse pisado. La tapa no tenía siquiera marcas de uñas.

Estaba nueva salvo por un pequeño detalle: la tapa está cedida a la altura del puente. Cierto, nunca está recta si está bien hecha, pero esta da la sensación de que se ha tirado años afinada y guardada en lo alto de un armario sin hacerle mucho caso. Pobre guitarra.

El puente, al haber cedido la tapa, tiene una pequeña panza detrás de él y un hundimiento entre sí y la boca. Es mínimo, pero provoca dos cosas: que la acción esté un milímetro más alta de lo que me resultaría cómodo y que el quintado de las cuerdas haya variado desde su creación. Lo primero, maldita sea, estoy aprendiendo, no está de más ponérmelo un poco más difícil. Lo segundo es una putada en toda regla.

Imaginad lo siguiente: afináis con un afinador electrónico y os queda una afinación perfecta con las cuerdas al aire. Practicáis, practicáis y practicáis y os lanzáis a bajar por el mástil hacia el cuerpo de la guitarra. Si tenéis suerte ni os enteráis, pero si lleváis practicando el tiempo suficiente – no mucho, la verdad – os vais a dar cuenta: suena desafinado. Bueno, no pasa nada, vamos a afinar de nuevo… ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡No se ha desafinado ni un ápice!!!

Imaginad mi cara de pardillo.

Cuando me encontré con esto probé todo lo que podía probar sin desmontar la guitarra. Hasta varios afinadores de estos con el móvil, que no son 100 % precisos, dicho sea de paso, pero el juez final, mi torpe oído, decía que eso que sonaba en el decimosegundo traste de la sexta cuerda no era un Mi. Bueno, no me lo decía así, ojalá, pero me entendéis. El afinador coincidía con mi oído: no era un Mi, pero casi. Se había ido hacia los agudos casi un cuarto de nota. ¡¡¡La mitad de un semitono!!! Suficiente para que se notara la cacofonía.

Consulté con la almohada hasta que hallé el apaño.

¿Cómo afinar una guitarra clásica que está un poco deformada?

La mejor forma es de oído y no ser tan puto exquisito.

Como estás aquí, de todos modos, supongo que serás tan torpe como yo y necesitarás ayuda de un dispositivo de afinación electrónico.

Lo que hago es emular el oído: la quinta al aire es La, pero no busco el La perfecto, sino aquel que lléndose un poco a los graves me permite tener afinado en el 12º traste un La que se va un poco para los agudos. Así con todas las cuerdas.

Debido a que el puente en este caso ha rotado (es más fuerte la sexta cuerda que la primera) y las cuerdas son de diferente material, me he encontrado con estos casos, de la última a la primera cuerda:
6ª: Puedo afinar 3-4 cents. por debajo y obtendré en el 12º traste 4-5 cents por encima.
5ª: Más o menos como la 6ª.
4ª: Es un pelín más precisa que la sexta, con lo que la diferencia entre trastes no es tanta.
3ª: Necesito afinarla como a -6 o -7 para obtener por encima un +7 o +8. Quiero llorar con esta cuerda, pero con que me suenen bien un par de acordes menores con cejilla sobre el traste 7-8 me doy con un canto en los dientes.
2ª: Volvemos a la normalidad y aunque se sigue notando, puedo mantenerla afinada dentro de unos márgenes aceptables.
1ª: La afino a 0 cent. La muy h*******  no se ha visto afectada.

Estas situaciones me están enseñando muchas cosas tanto de la guitarra como de la música en general. Ahora a seguir con las hormas de mis zapatillas: cambios con cejilla rápidos y fuertes y punteos con la cadencia y la resistencia necesaria.

Un abrazo, amigos.

Y ahora, ¿Cómo sueno?

Esto tenía que haberlo hecho la semana pasada, ya que las grabaciones son del jueves, pero, vicisitudes de la vida, se me complicó la cosa y los ratos que he ido sacando he preferido dedicarlos a la guitarra antes que actualizar esto.

He hecho una regrabación de la canción de hace dos semanas para poder compararla y ver en qué he mejorado, en qué no e ir trabajando en ello.

No puedo remediar seguir intentándolo.

Hasta que me canse, de hecho, y no creo que me pase. Sigo equivocándome en la progresión de acordes, sobre todo en la última estrofa. En el puente sigo machacando el tempo y se me va la voz. No sé si tengo mal la partitura, estoy intentando imitar a alguien o el cuerpo me pide variación… Evidentemente, sigo desafinando, sobre todo después de írseme el tono en la parte anterior. El trabajo no es un milagro, es lento, pero da sus frutos.

Como programador que soy, no podía evitar intentar la canción en C#.

¿Qué queréis que os diga? La verdad es que hay una mejora palpable. Gran parte de ese «milagro» es que he encontrado mi tono. No me decidía si cantarla en Re o en Do, así que me quedé en medio. No sé si os habéis dado cuenta, pero no me equivoco en la progresión hasta el final que cambio la subtónica por la tónica y cosas así. Lo divertido es que esos fallos no son aleatorios y siguen un patrón armónico. Ni siquiera sé porqué me pasa, pero sí sé cómo corregirlo.

No me quedo con ese ritmo tan feo.

Ni siquiera me suena bien en la canción, lo sé. Estoy practicando también el punteo. Mis dedos hacen lo que quieren, me equivoco de codón con el pulgar y ya cantar encima parece imposible – podré, sé que podré.

Eso que me suena tan mal es el Fa. No sabéis lo que me duele la muñeca. O sí.

Parece que no puedo remediar tocar esta canción – tercer chascarrillo del post, una ovación, por favor -, y no es así. Bueno sí, pero intento otras muchas. Intentad adivinar cual es esta:

Ni siquiera yo sé qué estoy tocando aquí.

El ritmo es diferente y es fácil perderse si no practicas con metrónomo. Cosa que sí hago aunque no se note. Desgraciadamente, tanto la mierda de micrófono que uso como el metrónomo está en el mismo dispositivo y no puedo usar los dos a la vez sin que el micrófono capte el metrónomo. La cosa mejora con un tac-tac marcando el ritmo. Mucho.

Y otra canción con el mismo ritmo.

Esta en Sol#, con lo que no muevo el capo. Como podéis apreciar, soy un poco carca musicalmente hablando.

Soy consciente de mis fallos, pero lo que he mejorado cantando en dos meses es épico.

El acorde con el que me oís pegarme es un Do#m – en el tono en el que lo estoy tocando. No tengo problema con la forma, el tercer acorde es idéntico salvo que dos trastes más abajo – en el tono, yo bajo hacia arriba y subo hacia abajo, me resulta más cómodo -. La diferencia es lo cerca que tengo la mano. Y sí, este también tiene cejilla, pero me resulta más sencillo.

Esta canción la he cantado más de oído, aunque necesito la partitura para saber qué hacer en el ¿puente? ¿estribillo?. Y sí, la desafino, lo sé, y en parte es culpa de mi torpeza con la guitarra. La necesito para entonar, si toco mal un acorde ya me voy del todo. La otra parte es que me olvido de prestarle atención a mi voz. La otra es que tengo la atención dividida…

Bueno, a seguir con la práctica diaria. A más tardar nos leemos el lunes de la semana que viene.

¡Hasta pronto!

El cansancio acumulado

Soy de esos que trabajan de lunes a viernes y tienen los fines de samana disponibles para… hacer tareas en casa. Aún así, evidentemente, los sábados y los domingos tengo más cuerpo y tiempo para dedicar a la guitarra y al canto que a diario. No solo eso: estoy más descansado.

A lo largo de la semana voy notando como mis capacidades van menguando como si no aprendiera nada, como si no mejorara. Ese jueves en el que te encuentras destrozado de toda la semana y eres incapaz de colocar el SOL en la guitarra. Ese mismo jueves en el que no tienes ni fuerzas de intentar cantar desde el RE3 y tienes que bajar un tono entero la canción.

A veces llego a pensar que en lugar de aprender, desaprendo.

Los picos son los fines de semana, los valles los jueves. Haré un serrucho con mi progreso.

Luego llega el sábado y, ya más descansado, descubro que llego a realizar proezas que una semana antes era incapaz. Descubro que las cejillas cada vez trastean menos, que mis manos aguantan más tiempo, que tengo que mirar menos al diapasón y que puedo cantar más derecho – y, por consiguiente, mejor. Descubro que esa progresión que tanto me costaba no era otra que una progresión de Pachelbel en Mi – y, por consiguiente, con tres acordes con cejilla, que era lo que quería aprender. Encuentro un salto de octava en una canción que, gracias al acorde que lo acompaña, en caso de hacerlo mal se nota DEMASIADO.

Descubro que esos días, agotado, en los que me he estado forzando a practicar aunque fuera un rato me han valido de mucho. No caen en saco roto. Bajo esas circunstancias cometo muchos errores, solo tengo que ser consciente de ellos y aprender.

Aunque no note la mejoría en el momento, sé que estoy aprendiendo.

Lo siento por vuestros oídos

No perdono ni un día de prácticas, aunque me encuentre un poco febril. Ayer, sin ir más lejos, con visita en casa, me puse a cacharrear con la guitarra.

Nada bonito, de hecho.

Me estuve pegando con arpegios y luego le di un poco al rasgueo. Después me vine arriba y canté un poco. En ese momento, la visita me pidió la «de Piratas del Caribe». Le contesté que eso estaba por encima de mi nivel, que llevaba solo dos meses con la guitarra. ¿No va y se sorprende y me dice que tengo oído, que lo hago muy bien para llevar dos meses? ¿Yo? ¿Oído?

Soy consciente de lo mal que lo hago, que conste. No sé si es lo normal o no con el tiempo que llevo practicando, es lo que yo sé. De hecho, como testimonio, me voy a subir un par de pistas. Una del 22 de enero, la otra de hoy, día 28. La primera es un tormento para el buen gusto. La otra solo se queda en una patada en los huevos.


Que conste que vengo de cantar los amaneceres desde el gallinero.

Aún así creo notar cierta mejoría, no solo en la guitarra, sino también en la voz.

¿Qué tengo para trabajar? ¿Hago una lista para agobiarme o para ver si dentro de un mes he mejorado la mayoría de puntos?

  • El puñetero FA. A este tengo que dedicarle un post.
  • El jodido SOL. Casi te tengo, pillín.
  • ¡¡¡El tempo!!!
  • ¿Os habéis dado cuenta que me equivoco con los acordes una barbaridad? A veces queda bien. Las menos.
  • Coge aire. Respira, repira.
  • Pierdo el tono en el segundo verso de cada estrofa siempre.
  • Pierdo el tono a medida que avanza la canción.
  • Si canto una nota en tensión no puedo soltar la tónica como acorde… ***FACEPALM***
  • Ya cada vez menos canto con la cara en lugar de con el pecho. Ahora a por el vientre.
  • En el puente voy perdiendo la nota con cada repetición…

Lamento profundamente que hayáis tenido que escuchar esto. También he elegido lo mejor que hice el día 22 y lo más completo, que no mejor, que he hecho hoy. A fin de cuentas, esto es más para mí, para volver en unas semanas y decirme: «Venga, Iván, tú puedes, mira como lo hacías entonces.»

Mi problema con la cejilla

Tengo un problema con usar el índice para pisar todas las cuerdas del traste. No es en sí la cejilla, ni el tener que hacer fuerza para que se pisen también las primeras cuerdas, ni el tener que cambiar entre acordes con y sin cejilla ni mover el dedo por todo el diapasón. Todo esto sé que es cuestión de tiempo y práctica.

Mi problema es otro: la tercera cuerda se me enmudece.

Aún ando buscando una posición que sea cómoda, no trastee y haga que todas las cuerdas suenen. Como he empezado con Fa y en ocasiones también juego con Si, no he tenido en cuenta que tienen que sonar todas las cuerdas. Tengo una posición cómoda para el Fa, tengo otra posición cómoda para el Si, tengo otra posición cómoda para el Si con la cejilla puesta en todo el traste para aligerar cambios entre Si y Fa#… pero el Fa menor se me resiente. No suena menor porque la cuerda que tiene que darle la sonoridad no suena.

Supongo que con tiempo, práctica y callo en el índice conseguiré hacerla sonar pero, a día de hoy, es el mayor foco de frustración que tengo.

Pierdo el tono

A raíz de la entrada de ayer, me he encontrado un impedimento para lanzarme a subir – todavía – lo que puedo tocar y cantar: pierdo el tono mientras canto.

Empiezo bien, en su tonalidad, pero termino en otra que nada tiene que ver con la original.

Intento buscar una con la que me sienta cómodo, como pueden ser Re, Mi o Do en función de mi estado de ánimo. Canto la canción en todas las tonalidades a las que llegue y, aún así, la pierdo.

Como con la guitarra, será cuestión de práctica y ser consciente de lo que canto, cómo lo canto y desde dónde, pero hago las dos cosas a la vez y en realidad tengo que centrarme solo en una de ellas para poder mejorarla.

Así que nada, a echarle horas.