Y ahora, ¿Cómo sueno?

Esto tenía que haberlo hecho la semana pasada, ya que las grabaciones son del jueves, pero, vicisitudes de la vida, se me complicó la cosa y los ratos que he ido sacando he preferido dedicarlos a la guitarra antes que actualizar esto.

He hecho una regrabación de la canción de hace dos semanas para poder compararla y ver en qué he mejorado, en qué no e ir trabajando en ello.

No puedo remediar seguir intentándolo.

Hasta que me canse, de hecho, y no creo que me pase. Sigo equivocándome en la progresión de acordes, sobre todo en la última estrofa. En el puente sigo machacando el tempo y se me va la voz. No sé si tengo mal la partitura, estoy intentando imitar a alguien o el cuerpo me pide variación… Evidentemente, sigo desafinando, sobre todo después de írseme el tono en la parte anterior. El trabajo no es un milagro, es lento, pero da sus frutos.

Como programador que soy, no podía evitar intentar la canción en C#.

¿Qué queréis que os diga? La verdad es que hay una mejora palpable. Gran parte de ese “milagro” es que he encontrado mi tono. No me decidía si cantarla en Re o en Do, así que me quedé en medio. No sé si os habéis dado cuenta, pero no me equivoco en la progresión hasta el final que cambio la subtónica por la tónica y cosas así. Lo divertido es que esos fallos no son aleatorios y siguen un patrón armónico. Ni siquiera sé porqué me pasa, pero sí sé cómo corregirlo.

No me quedo con ese ritmo tan feo.

Ni siquiera me suena bien en la canción, lo sé. Estoy practicando también el punteo. Mis dedos hacen lo que quieren, me equivoco de codón con el pulgar y ya cantar encima parece imposible – podré, sé que podré.

Eso que me suena tan mal es el Fa. No sabéis lo que me duele la muñeca. O sí.

Parece que no puedo remediar tocar esta canción – tercer chascarrillo del post, una ovación, por favor -, y no es así. Bueno sí, pero intento otras muchas. Intentad adivinar cual es esta:

Ni siquiera yo sé qué estoy tocando aquí.

El ritmo es diferente y es fácil perderse si no practicas con metrónomo. Cosa que sí hago aunque no se note. Desgraciadamente, tanto la mierda de micrófono que uso como el metrónomo está en el mismo dispositivo y no puedo usar los dos a la vez sin que el micrófono capte el metrónomo. La cosa mejora con un tac-tac marcando el ritmo. Mucho.

Y otra canción con el mismo ritmo.

Esta en Sol#, con lo que no muevo el capo. Como podéis apreciar, soy un poco carca musicalmente hablando.

Soy consciente de mis fallos, pero lo que he mejorado cantando en dos meses es épico.

El acorde con el que me oís pegarme es un Do#m – en el tono en el que lo estoy tocando. No tengo problema con la forma, el tercer acorde es idéntico salvo que dos trastes más abajo – en el tono, yo bajo hacia arriba y subo hacia abajo, me resulta más cómodo -. La diferencia es lo cerca que tengo la mano. Y sí, este también tiene cejilla, pero me resulta más sencillo.

Esta canción la he cantado más de oído, aunque necesito la partitura para saber qué hacer en el ¿puente? ¿estribillo?. Y sí, la desafino, lo sé, y en parte es culpa de mi torpeza con la guitarra. La necesito para entonar, si toco mal un acorde ya me voy del todo. La otra parte es que me olvido de prestarle atención a mi voz. La otra es que tengo la atención dividida…

Bueno, a seguir con la práctica diaria. A más tardar nos leemos el lunes de la semana que viene.

¡Hasta pronto!

El cansancio acumulado

Soy de esos que trabajan de lunes a viernes y tienen los fines de samana disponibles para… hacer tareas en casa. Aún así, evidentemente, los sábados y los domingos tengo más cuerpo y tiempo para dedicar a la guitarra y al canto que a diario. No solo eso: estoy más descansado.

A lo largo de la semana voy notando como mis capacidades van menguando como si no aprendiera nada, como si no mejorara. Ese jueves en el que te encuentras destrozado de toda la semana y eres incapaz de colocar el SOL en la guitarra. Ese mismo jueves en el que no tienes ni fuerzas de intentar cantar desde el RE3 y tienes que bajar un tono entero la canción.

A veces llego a pensar que en lugar de aprender, desaprendo.

Los picos son los fines de semana, los valles los jueves. Haré un serrucho con mi progreso.

Luego llega el sábado y, ya más descansado, descubro que llego a realizar proezas que una semana antes era incapaz. Descubro que las cejillas cada vez trastean menos, que mis manos aguantan más tiempo, que tengo que mirar menos al diapasón y que puedo cantar más derecho – y, por consiguiente, mejor. Descubro que esa progresión que tanto me costaba no era otra que una progresión de Pachelbel en Mi – y, por consiguiente, con tres acordes con cejilla, que era lo que quería aprender. Encuentro un salto de octava en una canción que, gracias al acorde que lo acompaña, en caso de hacerlo mal se nota DEMASIADO.

Descubro que esos días, agotado, en los que me he estado forzando a practicar aunque fuera un rato me han valido de mucho. No caen en saco roto. Bajo esas circunstancias cometo muchos errores, solo tengo que ser consciente de ellos y aprender.

Aunque no note la mejoría en el momento, sé que estoy aprendiendo.

Lo siento por vuestros oídos

No perdono ni un día de prácticas, aunque me encuentre un poco febril. Ayer, sin ir más lejos, con visita en casa, me puse a cacharrear con la guitarra.

Nada bonito, de hecho.

Me estuve pegando con arpegios y luego le di un poco al rasgueo. Después me vine arriba y canté un poco. En ese momento, la visita me pidió la “de Piratas del Caribe”. Le contesté que eso estaba por encima de mi nivel, que llevaba solo dos meses con la guitarra. ¿No va y se sorprende y me dice que tengo oído, que lo hago muy bien para llevar dos meses? ¿Yo? ¿Oído?

Soy consciente de lo mal que lo hago, que conste. No sé si es lo normal o no con el tiempo que llevo practicando, es lo que yo sé. De hecho, como testimonio, me voy a subir un par de pistas. Una del 22 de enero, la otra de hoy, día 28. La primera es un tormento para el buen gusto. La otra solo se queda en una patada en los huevos.


Que conste que vengo de cantar los amaneceres desde el gallinero.

Aún así creo notar cierta mejoría, no solo en la guitarra, sino también en la voz.

¿Qué tengo para trabajar? ¿Hago una lista para agobiarme o para ver si dentro de un mes he mejorado la mayoría de puntos?

  • El puñetero FA. A este tengo que dedicarle un post.
  • El jodido SOL. Casi te tengo, pillín.
  • ¡¡¡El tempo!!!
  • ¿Os habéis dado cuenta que me equivoco con los acordes una barbaridad? A veces queda bien. Las menos.
  • Coge aire. Respira, repira.
  • Pierdo el tono en el segundo verso de cada estrofa siempre.
  • Pierdo el tono a medida que avanza la canción.
  • Si canto una nota en tensión no puedo soltar la tónica como acorde… ***FACEPALM***
  • Ya cada vez menos canto con la cara en lugar de con el pecho. Ahora a por el vientre.
  • En el puente voy perdiendo la nota con cada repetición…

Lamento profundamente que hayáis tenido que escuchar esto. También he elegido lo mejor que hice el día 22 y lo más completo, que no mejor, que he hecho hoy. A fin de cuentas, esto es más para mí, para volver en unas semanas y decirme: “Venga, Iván, tú puedes, mira como lo hacías entonces.”

Mi problema con la cejilla

Tengo un problema con usar el índice para pisar todas las cuerdas del traste. No es en sí la cejilla, ni el tener que hacer fuerza para que se pisen también las primeras cuerdas, ni el tener que cambiar entre acordes con y sin cejilla ni mover el dedo por todo el diapasón. Todo esto sé que es cuestión de tiempo y práctica.

Mi problema es otro: la tercera cuerda se me enmudece.

Aún ando buscando una posición que sea cómoda, no trastee y haga que todas las cuerdas suenen. Como he empezado con Fa y en ocasiones también juego con Si, no he tenido en cuenta que tienen que sonar todas las cuerdas. Tengo una posición cómoda para el Fa, tengo otra posición cómoda para el Si, tengo otra posición cómoda para el Si con la cejilla puesta en todo el traste para aligerar cambios entre Si y Fa#… pero el Fa menor se me resiente. No suena menor porque la cuerda que tiene que darle la sonoridad no suena.

Supongo que con tiempo, práctica y callo en el índice conseguiré hacerla sonar pero, a día de hoy, es el mayor foco de frustración que tengo.

Pierdo el tono

A raíz de la entrada de ayer, me he encontrado un impedimento para lanzarme a subir – todavía – lo que puedo tocar y cantar: pierdo el tono mientras canto.

Empiezo bien, en su tonalidad, pero termino en otra que nada tiene que ver con la original.

Intento buscar una con la que me sienta cómodo, como pueden ser Re, Mi o Do en función de mi estado de ánimo. Canto la canción en todas las tonalidades a las que llegue y, aún así, la pierdo.

Como con la guitarra, será cuestión de práctica y ser consciente de lo que canto, cómo lo canto y desde dónde, pero hago las dos cosas a la vez y en realidad tengo que centrarme solo en una de ellas para poder mejorarla.

Así que nada, a echarle horas.

Que llueva, que llueva…

… la virgen de la cueva…

Desde pequeño he querido cantar bien, afinado, pero siempre que lo he intentado he necesitado después un paraguas. La gente se me ha quejado pidiéndome que me callara, que para cantar así mejor no lo hiciera.

Que les den. Solo cantando se aprende a cantar.

Puede que tengas un don y seas capaz de escucharte y de saber perfectamente qué estás haciendo mal y cómo corregirlo sin ayuda. Enhorabuena. No es mi caso ni el de el resto de los mortales.

Lo mismo también has podido entrar en el conservatorio o tener clases particulares. Entonces sabes de lo que hablo. Hay una técnica y un método detrás para hacerlo bien aunque no lo hayas hecho bien nunca. Incluso podrías ayudarme con algún consejo si quisieras dedicarme algo de tiempo.

Por el momento, como completo autodidacta, desde que tengo la guitarra, me aprendo las escalas a la par, tanto con las cuerdas como con la voz. Voy nota a nota, intentando llegar a esta. Así he descubierto que no hay nota baja en la guitarra a la que no llegue (Mi2), pero que a partir de La3 me empieza a costar y que Sol4 se me hace imposible.

El saber qué notas puedo cantar ayuda muchísimo. Siempre he intentado cantar en escalas que no son la mía ni se les acerca. Esas canciones Pop cantadas desde el Do4 se me hacían extremadamente desafiantes, haciendo que mis gallos y desafinos se acentuaran. Que tuviera que intentarlas en un feísimo falsete. Ahora sé que tendría que intentarlas desde un Do3 o, incluso, transponerlas a Re, donde no me siento incómodo.

Sí, en Re, como esa canción de Elvis tan conocida.

La he intentado, la afino bien con la ayuda de la guitarra (y solo con la guitarra), pero he descubierto que estoy tenso. Mi voz carece de cuerpo y personalidad. Es chirriante y me molesta. He conseguido oirme cantar. Gracias, guitarra. Creo saber cómo arreglarlo: me relajaré, seguiré afinando y aumentando mi confianza al cantar, bajaré mi voz al diafragma y me grabaré buscando mi estilo. Transpondré las canciones y me olvidaré de cantar en la cuarta octava.

Y esto gracias a que conseguí sentir un fenómeno físico muy importante en la música: la resonancia.

Cuando me di cuenta que al acertar la nota con mi voz mientras la daba en la guitarra los dos sonidos se solapaban, zumbaban en mis oídos y aumentaban su volumen, se me iluminó la cara como a un niño pequeño frente a un juguete nuevo. Ahí entendí qué quería aquel profesor de música que me hizo quedarme hasta después de que terminara la clase (también era de los últimos en la lista) buscando mi registro vocal. También entendí qué hice mal entonces. Lo que no llego a comprender es porqué no explicó qué fenómeno era el que nos ayudaría a ambos a buscar las notas: a mí en la voz y a él en el teclado. Es más fácil con una guitarra, sí, ya que al tenerla pegada al cuerpo, la nota que das con esta resuena a través de ti junto a la propia nota que estás cantando, lo que hace que zumben los oídos, pero el aumento del volumen tendría que darse igualmente con un teclado.

Bueno, no puedo cambiar el pasado, pero ya tengo un objetivo y algo parecido a un método. Voy a por ello.

Actualización: Desde que escribí esto he descubierto que esa canción en Re me sale mejor en Mi. No es que no pueda en Re, de hecho llego mejor a todas las notas, solo que el cuerpo me pide Mi. Lamentablemente no tengo suficiente nivel con la guitarra para transponerla a esta sonoridad en abierto y tengo que usar capo en el cuarto traste. Un mal menor. Cuando deje de pegarme con el Fa lo mismo me atrevo a grabarme.

Callos en los dedos

Fueron unos tres o cuatro días los que tardaron en formarse. Al día siguiente de que me regalaran la guitarra intenté encontrar algún método con el que aprendiera alguna canción primero y luego a tocar. No duré ni media hora. El dolor en los dedos era insoportable y se me estaban poniendo rojos. Tuve que dejarlo por todo el día, aunque era sábado y quería aprovecharlo.

El domingo, sin dejar que aquello terminase de curar, agarré de nuevo la guitarra e intenté introducir el acorde de Mi al de La y Re ya aprendidos. Y de paso pegarme con un par de canciones que ahora sé que se habían transpuesto para que la tonalidad encajase en esos acordes. Fue una hora muy dura en la que los dedos se oponían a pisar más cuerdas. Lo intenté unas horas más tarde sin mucho éxito debido al dolor.

Como puede verse, el meñique lo uso menos.

El lunes fue algo mejor. No estaban curados, pero como tuve que ir a trabajar tuvieron tiempo de relajarse (a pesar del teclado, que me destrozaba las puntas de los dedos al intentar teclear con la izquierda) y pude dedicarle a la guitarra prácticamente toda la tarde. Tuve que dejarlo cuando me di cuenta que, debido al dolor, estaba empezando a pisar las cuerdas con las yemas de los dedos en lugar de con las puntas.

Ese martes fue mi cumpleaños de verdad y, aunque no le dediqué todo el tiempo que quería ya que salí un rato con la familia, tenía los dedos despellejados y me dolían.

Poco más recuerdo al respecto, ya que he podido coger la guitarra sin molestias en los dedos desde entonces, aunque mi problema actual es otro: tengo tanto callo que me resbalan las cuerdas. No puedo pisar bien con el dedo corazón sin haber creado antes la forma de la cuerda en la punta del dedo haciendo punteo intensivo en los codones. Es algo muy frustrante que he intentado evitar hasta lijando los callos (con lija para madera, que soy un bruto). Por suerte se me han empezado a resecar las manos y he tenido que hidratarlas con crema.

Ahora, después de unos días, encuentro los callos fuertes, pero flexibles. Sigo sin notar lo que hago con la punta de los dedos, pero ya me resbalan menos las cuerdas.

Esperemos que la cosa siga mejorando.

No tengo oído musical…

…o eso me han hecho creer toda mi vida.

Soy un llorica de esos de los que se quejan de que su propia incapacidad de hacer algo se debe en exclusiva al resto de personas, lo sé, pero os quiero contar mi historia. Siempre he sido muy tímido y me ha costado interactuar con el resto de personas. No solo eso, sino que además, entendía que los demás llegaban, intelectualmente hablando, allí donde yo llegaba. El darme cuenta de que eso no era así fue un palo enorme, algo que me vino casi en la pubertad y que se me juntó con el pavo.

Por desgracia, para entonces, ya era tarde, habían minado mi creatividad con una innumerable lista de “no se puede”. “No se pueden hacer dibujos con espray”, “No se puede saltar por ahí”, “No se pueden hacer siluetas, no quedan bien” y, el que titula este blog: “No puedes hacer música, no tienes oído”. Quizá, si entonces hubiera sido más maduro, tendría que haber hecho caso omiso a aquellos comentarios o, mejor, entenderlos como lo que quería decir quien los dijo: “No sé hacer dibujos con espray ni me atrevo a intentarlo”, “No puedo saltar por ahí ni me atrevo a intentarlo”, “No sé dibujar siluetas ni me atrevo a intentarlo”, “No oigo que cantes bien, por lo que no creo que tengas talento musical”. Con el tiempo terminé dibujando siluetas, no uso espray por pereza aunque no tendría problemas con ello.

En cambio, con la música, esa espina clavada, no podía. “No tenía oído”. Cada vez que intentaba cantar desafinaba (y desafino) de tal manera que hacía llorar a los perros, cada vez que intentaba aprender a tocar un instrumento musical me encontraba como muro mi propia carencia de destreza, la falta de costumbre ante el trabajo con un objetivo y los “no se puede” que en realidad querían decir “no puedo”.

Con el tiempo fui venciendo mi timidez, al menos en la práctica. Conocí a más gente y empecé a entender que todo mi periodo de enseñanza, esos años en el colegio y en el instituto, estaban del revés. No solo por mi parte, sino por el propio sistema. Me había topado con profesores que dejaron de actualizarse en los años cincuenta del siglo veinte y daban por verdad verdadera temas que nada tenían que ver con la realidad, fui víctima de un cambio (necesario) en el sistema educativo en el que pasé de tener que copiar de memoria una lección aprendida de un libro en el examen a una versión ligera y muy superficial de lo que deberíamos haber aprendido, pasé por profesores de inglés que daban música y profesores de literatura que impartían artes plásticas. Siempre tuve iniciativa para aprender por mi cuenta, pero lo poco exigente que era el sistema y la gente que tenía alrededor conmigo hizo que fuera poco exigente conmigo mismo. Total, no entendía que nos pudieran exigir cosas diferentes a dos chavales del mismo curso si en teoría todos teníamos la misma capacidad. Y peor, yo era el pequeño en clase y entendía que si a alguien tenía que costarle algo más, era a mi. Solo era así en las relaciones personales, hasta que llegué al bachillerato pasando de puntillas por todos los cursos sin una política de esfuerzo. Y no puedes indagar en nada sin esfuerzo aunque acompañe el talento.

Sí, es así, había pasado por toda la primaria y secundaria gracias al talento, no al esfuerzo.

Lejos de quedarme ahí, me encontraba ciego. Ciego pues tenía el caso contrario a mi mismo en mi misma casa. Mi hermano, el siguiente de los cuatro, tenía problemas en los estudios. Hasta tuvo que repetir muy pronto porque no llegaba. Él, hasta entonces, también era el menor en la clase, pero adolecía de algo que yo no: timidez. Siempre fue un poco caradura y eso le hizo socializar a un punto al que yo no seré capaz jamás. Quizá por eso conoció a más gente, se atrevió a más y, gracias a sus limitaciones del momento, aprendió lo que era el trabajo duro. Fue su máxima durante todos sus estudios. Se sacó la primaria y la secundaria con mucho esfuerzo, se sacó el bachillerato con no menos esfuerzo, se tomó un año sabático para trabajar en la industria y se sacó una ingeniería.

Qué tonto yo que no aprendí de él, dejé los estudios, que no me reportaban más que miseria y relaciones personales fallidas y entré en el mercado laboral. Fue duro al principio, pero conseguí mantenerme, y aún lo hago, en la misma empresa durante más de una década. En los trabajos que he estado, incluyendo el actual, se me ha exigido mi talón de Aquiles: socializar. Gracias a esto he conseguido madurar lo suficiente como para entenderme a mi mismo y saber qué errores he cometido que no quiero volver a cometer.

Os habéis dado cuenta ya que la plenitud de la juventud la dejé pasar no hace mucho y, aún así, a día de hoy, me siento muchísimo más joven que hace un lustro. Me he dado cuenta que la vida no es estática que uno va y viene y termina pasando por los mismos caminos. Y en esos caminos revisitados es donde he encontrado yo una segunda oportunidad de reinventarme, de arrancarme esas espinas que mis circunstancias y mi inmadurez me clavaron en su día. He seguido leyendo, he seguido estudiando, he seguido aprendiendo. Entre dibujo y pintura, manualidades, física y matemáticas, mis propios límites físicos y emocionales, ética, historia… he empezado con la música.

Me dispongo a cantar y no solo en la ducha.

Siempre me ha atraído en verdad, aunque gracias a dos videojuegos, uno dedicado al canto del cual mi esposa ha sido una gran fanática y otro de guitarreo el cual me hizo ver que en mi primera aventura con la guitarra me faltó método y motivación, que decidí regresar al estudio de la guitarra, aunque bien por falta de tiempo, bien por ponerme excusas baratas a pesar de todo, bien por problemas económicos, no me atreví nunca a hacerme con una. No tenía intención tampoco de aprender con el método de Phoebe.

El mes pasado fue mi cumpleaños y me hicieron una fiesta sorpresa en la que realmente piqué y en la que me regalaron una guitarra clásica. La eligió mi hermano, del que ya os he hablado, ya que él toca la guitarra (ya sabéis, trabajo duro). “Oh, le regalan una guitarra, que se toque algo”… No sabía ni como agarrarla. Hoy, poco más de un mes después he descubierto que consigo salir de la realidad mientras intento ese cambio casi imposible entre Fa, Sol y La Menor en un compás a 125 pulsos por minuto aún sabiendo que seguramente la canción no sea exactamente así y tenga que reaprenderla en algún momento. Hoy he decidido abrir este blog, no ya solo para mi e intentar plasmar por escrito todo lo que voy aprendiendo de música, guitarra y canto por mi cuenta, sino para todos vosotros por si os veis u os habéis visto alguna vez en una situación parecida y el leer como un tipo de 34 años ha comenzado algo nuevo en su vida con toda la motivación del mundo y con ganas de llegar lejos en su aprendizaje y subir sus propias versiones de canciones a youtube os ayuda a quitaros de encima esos demonios de “no tengo oído” o “soy mayor para intentar nada nuevo”.

Quizá podría regodearme en el tiempo pasado que podía haber dedicado a aprender algo que, sin haberlo previsto, me apasiona tanto; pero no puedo, tengo que aprender a tocar la guitarra.