Afinar con afinador electrónico

Antes de meternos en faena, os tengo que hablar de mi guitarra, ya que es importante para saber porqué hago lo que hago. Y cómo lo hago.

La guitarra con la que toco es la típica guitarra española que “te queda grande” y te hace parecer un niño pequeño abrazado a un violoncelo. Ya sabes, de esas guitarras que tienen diapasón, doce trastes hasta el cuerpo y alguno más hasta el hueco, tapa y cuerdas. ¿Vuestra guitarra tiene tapa? Si no es así haceos con una, es muy útil.

Vaciles aparte, en realidad no sé cuánto tiempo tiene la guitarra. En breve hará tres meses conmigo, pero sé que su edad puede contarse en años. Poco más. Cuando me llegó a las manos estaba nueva. Las cuerdas estaban nuevas. El diapasón no tenía ni rastro de haberse pisado. La tapa no tenía siquiera marcas de uñas.

Estaba nueva salvo por un pequeño detalle: la tapa está cedida a la altura del puente. Cierto, nunca está recta si está bien hecha, pero esta da la sensación de que se ha tirado años afinada y guardada en lo alto de un armario sin hacerle mucho caso. Pobre guitarra.

El puente, al haber cedido la tapa, tiene una pequeña panza detrás de él y un hundimiento entre sí y la boca. Es mínimo, pero provoca dos cosas: que la acción esté un milímetro más alta de lo que me resultaría cómodo y que el quintado de las cuerdas haya variado desde su creación. Lo primero, maldita sea, estoy aprendiendo, no está de más ponérmelo un poco más difícil. Lo segundo es una putada en toda regla.

Imaginad lo siguiente: afináis con un afinador electrónico y os queda una afinación perfecta con las cuerdas al aire. Practicáis, practicáis y practicáis y os lanzáis a bajar por el mástil hacia el cuerpo de la guitarra. Si tenéis suerte ni os enteráis, pero si lleváis practicando el tiempo suficiente – no mucho, la verdad – os vais a dar cuenta: suena desafinado. Bueno, no pasa nada, vamos a afinar de nuevo… ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡No se ha desafinado ni un ápice!!!

Imaginad mi cara de pardillo.

Cuando me encontré con esto probé todo lo que podía probar sin desmontar la guitarra. Hasta varios afinadores de estos con el móvil, que no son 100 % precisos, dicho sea de paso, pero el juez final, mi torpe oído, decía que eso que sonaba en el decimosegundo traste de la sexta cuerda no era un Mi. Bueno, no me lo decía así, ojalá, pero me entendéis. El afinador coincidía con mi oído: no era un Mi, pero casi. Se había ido hacia los agudos casi un cuarto de nota. ¡¡¡La mitad de un semitono!!! Suficiente para que se notara la cacofonía.

Consulté con la almohada hasta que hallé el apaño.

¿Cómo afinar una guitarra clásica que está un poco deformada?

La mejor forma es de oído y no ser tan puto exquisito.

Como estás aquí, de todos modos, supongo que serás tan torpe como yo y necesitarás ayuda de un dispositivo de afinación electrónico.

Lo que hago es emular el oído: la quinta al aire es La, pero no busco el La perfecto, sino aquel que lléndose un poco a los graves me permite tener afinado en el 12º traste un La que se va un poco para los agudos. Así con todas las cuerdas.

Debido a que el puente en este caso ha rotado (es más fuerte la sexta cuerda que la primera) y las cuerdas son de diferente material, me he encontrado con estos casos, de la última a la primera cuerda:
6ª: Puedo afinar 3-4 cents. por debajo y obtendré en el 12º traste 4-5 cents por encima.
5ª: Más o menos como la 6ª.
4ª: Es un pelín más precisa que la sexta, con lo que la diferencia entre trastes no es tanta.
3ª: Necesito afinarla como a -6 o -7 para obtener por encima un +7 o +8. Quiero llorar con esta cuerda, pero con que me suenen bien un par de acordes menores con cejilla sobre el traste 7-8 me doy con un canto en los dientes.
2ª: Volvemos a la normalidad y aunque se sigue notando, puedo mantenerla afinada dentro de unos márgenes aceptables.
1ª: La afino a 0 cent. La muy h*******  no se ha visto afectada.

Estas situaciones me están enseñando muchas cosas tanto de la guitarra como de la música en general. Ahora a seguir con las hormas de mis zapatillas: cambios con cejilla rápidos y fuertes y punteos con la cadencia y la resistencia necesaria.

Un abrazo, amigos.

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