El cansancio acumulado

Soy de esos que trabajan de lunes a viernes y tienen los fines de samana disponibles para… hacer tareas en casa. Aún así, evidentemente, los sábados y los domingos tengo más cuerpo y tiempo para dedicar a la guitarra y al canto que a diario. No solo eso: estoy más descansado.

A lo largo de la semana voy notando como mis capacidades van menguando como si no aprendiera nada, como si no mejorara. Ese jueves en el que te encuentras destrozado de toda la semana y eres incapaz de colocar el SOL en la guitarra. Ese mismo jueves en el que no tienes ni fuerzas de intentar cantar desde el RE3 y tienes que bajar un tono entero la canción.

A veces llego a pensar que en lugar de aprender, desaprendo.

Los picos son los fines de semana, los valles los jueves. Haré un serrucho con mi progreso.

Luego llega el sábado y, ya más descansado, descubro que llego a realizar proezas que una semana antes era incapaz. Descubro que las cejillas cada vez trastean menos, que mis manos aguantan más tiempo, que tengo que mirar menos al diapasón y que puedo cantar más derecho – y, por consiguiente, mejor. Descubro que esa progresión que tanto me costaba no era otra que una progresión de Pachelbel en Mi – y, por consiguiente, con tres acordes con cejilla, que era lo que quería aprender. Encuentro un salto de octava en una canción que, gracias al acorde que lo acompaña, en caso de hacerlo mal se nota DEMASIADO.

Descubro que esos días, agotado, en los que me he estado forzando a practicar aunque fuera un rato me han valido de mucho. No caen en saco roto. Bajo esas circunstancias cometo muchos errores, solo tengo que ser consciente de ellos y aprender.

Aunque no note la mejoría en el momento, sé que estoy aprendiendo.

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