Piano piano

Prefiero esta expresión a hacer cualquier referencia a cierta canción de hace un par de años…

En las últimas semanas he tenido un parón en el blog debido, principalmente, a una cuestión de tiempo. También a una cuestión de ánimo. Ha habido un cambio importante en mi vida laboralmente hablando. Un cambio que ha ocupado gran parte de mi pensamientos, mi tiempo y mis sentimientos.

Sentimientos

De eso trata la música, principalmente. De sentimientos.

Diréis que podría aprovechar y componer algo, pero no me atrevo a abrirme así todavía. Puedo contaros un poco por encima cómo me siento, la verdad. Siento algo entre la euforia y la tristeza, entre la preocupación y la esperanza. Esperanza porque parece que, al fin, puede irme bien económicamente hablando. Preocupación porque no tengo certeza absoluta de que lo anterior se vaya a producir y tengo que esforzarme. Tristeza porque me han separado de mis compañeras de trabajo, unas bellísimas personas a las que echo mucho de menos. Euforia porque no sé cómo gestionar todo lo anterior.

Me es muy dificil encontrar cada día la canción y la tonalidad. Con un estado de ánimo tan voluble hay días que necesito algo lento, días que necesito algo rápido. Hay días que necesito gravedad y días que necesito alegría. Los días de más tensión no quiero ritmos y aprieto la mandíbula.

Me ayuda a conocerme, aún más, a mi mismo.

¿Cómo llevo la guitarra?

No he aprendido nada nuevo. Me he centrado en perfeccionar los cambios de acordes y en mejorar el punteo con los dedos.

Las cejillas me siguen costando, aunque cada vez menos. Los cambios de acorde en los que tengo subir varios trastes solo los consigo según mi estado de ánimo.

Intento llevar los ritmos, pero me acelero a medida que voy tocando y cantando. Me pasa lo mismo bailando.

¿Bailando?

Sí, he empezado con bailes de salón. Me he metido con mi señora (ella ya tiene un nivel) en unas clases de iniciación. Llevo dos y, aparte de una descoordinación entre las caderas, me pasa lo mismo que con la guitarra: me acelero. Sé que este problema lo corregiré a la vez tanto en uno como en otro.

¿Y el canto, qué tal?

Despacio, muy despacio. Ha mejorado mi afinación y puedo cambiar de escala sin mucho problema. Desgraciadamente, mi referencia es una guitarra que está, como visteis en el post anterior, deformada y la tercera cuerda no solo me da guerra sino que desafina de una punta a otra y de formas diferentes. Por suerte mi oído se está acostumbrando y ya sé si lo hago regular o mal directamente.

Con todo, sigo practicando y no me olvido de vosotros Un abrazo.

Afinar con afinador electrónico

Antes de meternos en faena, os tengo que hablar de mi guitarra, ya que es importante para saber porqué hago lo que hago. Y cómo lo hago.

La guitarra con la que toco es la típica guitarra española que «te queda grande» y te hace parecer un niño pequeño abrazado a un violoncelo. Ya sabes, de esas guitarras que tienen diapasón, doce trastes hasta el cuerpo y alguno más hasta el hueco, tapa y cuerdas. ¿Vuestra guitarra tiene tapa? Si no es así haceos con una, es muy útil.

Vaciles aparte, en realidad no sé cuánto tiempo tiene la guitarra. En breve hará tres meses conmigo, pero sé que su edad puede contarse en años. Poco más. Cuando me llegó a las manos estaba nueva. Las cuerdas estaban nuevas. El diapasón no tenía ni rastro de haberse pisado. La tapa no tenía siquiera marcas de uñas.

Estaba nueva salvo por un pequeño detalle: la tapa está cedida a la altura del puente. Cierto, nunca está recta si está bien hecha, pero esta da la sensación de que se ha tirado años afinada y guardada en lo alto de un armario sin hacerle mucho caso. Pobre guitarra.

El puente, al haber cedido la tapa, tiene una pequeña panza detrás de él y un hundimiento entre sí y la boca. Es mínimo, pero provoca dos cosas: que la acción esté un milímetro más alta de lo que me resultaría cómodo y que el quintado de las cuerdas haya variado desde su creación. Lo primero, maldita sea, estoy aprendiendo, no está de más ponérmelo un poco más difícil. Lo segundo es una putada en toda regla.

Imaginad lo siguiente: afináis con un afinador electrónico y os queda una afinación perfecta con las cuerdas al aire. Practicáis, practicáis y practicáis y os lanzáis a bajar por el mástil hacia el cuerpo de la guitarra. Si tenéis suerte ni os enteráis, pero si lleváis practicando el tiempo suficiente – no mucho, la verdad – os vais a dar cuenta: suena desafinado. Bueno, no pasa nada, vamos a afinar de nuevo… ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡No se ha desafinado ni un ápice!!!

Imaginad mi cara de pardillo.

Cuando me encontré con esto probé todo lo que podía probar sin desmontar la guitarra. Hasta varios afinadores de estos con el móvil, que no son 100 % precisos, dicho sea de paso, pero el juez final, mi torpe oído, decía que eso que sonaba en el decimosegundo traste de la sexta cuerda no era un Mi. Bueno, no me lo decía así, ojalá, pero me entendéis. El afinador coincidía con mi oído: no era un Mi, pero casi. Se había ido hacia los agudos casi un cuarto de nota. ¡¡¡La mitad de un semitono!!! Suficiente para que se notara la cacofonía.

Consulté con la almohada hasta que hallé el apaño.

¿Cómo afinar una guitarra clásica que está un poco deformada?

La mejor forma es de oído y no ser tan puto exquisito.

Como estás aquí, de todos modos, supongo que serás tan torpe como yo y necesitarás ayuda de un dispositivo de afinación electrónico.

Lo que hago es emular el oído: la quinta al aire es La, pero no busco el La perfecto, sino aquel que lléndose un poco a los graves me permite tener afinado en el 12º traste un La que se va un poco para los agudos. Así con todas las cuerdas.

Debido a que el puente en este caso ha rotado (es más fuerte la sexta cuerda que la primera) y las cuerdas son de diferente material, me he encontrado con estos casos, de la última a la primera cuerda:
6ª: Puedo afinar 3-4 cents. por debajo y obtendré en el 12º traste 4-5 cents por encima.
5ª: Más o menos como la 6ª.
4ª: Es un pelín más precisa que la sexta, con lo que la diferencia entre trastes no es tanta.
3ª: Necesito afinarla como a -6 o -7 para obtener por encima un +7 o +8. Quiero llorar con esta cuerda, pero con que me suenen bien un par de acordes menores con cejilla sobre el traste 7-8 me doy con un canto en los dientes.
2ª: Volvemos a la normalidad y aunque se sigue notando, puedo mantenerla afinada dentro de unos márgenes aceptables.
1ª: La afino a 0 cent. La muy h*******  no se ha visto afectada.

Estas situaciones me están enseñando muchas cosas tanto de la guitarra como de la música en general. Ahora a seguir con las hormas de mis zapatillas: cambios con cejilla rápidos y fuertes y punteos con la cadencia y la resistencia necesaria.

Un abrazo, amigos.

Y ahora, ¿Cómo sueno?

Esto tenía que haberlo hecho la semana pasada, ya que las grabaciones son del jueves, pero, vicisitudes de la vida, se me complicó la cosa y los ratos que he ido sacando he preferido dedicarlos a la guitarra antes que actualizar esto.

He hecho una regrabación de la canción de hace dos semanas para poder compararla y ver en qué he mejorado, en qué no e ir trabajando en ello.

No puedo remediar seguir intentándolo.

Hasta que me canse, de hecho, y no creo que me pase. Sigo equivocándome en la progresión de acordes, sobre todo en la última estrofa. En el puente sigo machacando el tempo y se me va la voz. No sé si tengo mal la partitura, estoy intentando imitar a alguien o el cuerpo me pide variación… Evidentemente, sigo desafinando, sobre todo después de írseme el tono en la parte anterior. El trabajo no es un milagro, es lento, pero da sus frutos.

Como programador que soy, no podía evitar intentar la canción en C#.

¿Qué queréis que os diga? La verdad es que hay una mejora palpable. Gran parte de ese «milagro» es que he encontrado mi tono. No me decidía si cantarla en Re o en Do, así que me quedé en medio. No sé si os habéis dado cuenta, pero no me equivoco en la progresión hasta el final que cambio la subtónica por la tónica y cosas así. Lo divertido es que esos fallos no son aleatorios y siguen un patrón armónico. Ni siquiera sé porqué me pasa, pero sí sé cómo corregirlo.

No me quedo con ese ritmo tan feo.

Ni siquiera me suena bien en la canción, lo sé. Estoy practicando también el punteo. Mis dedos hacen lo que quieren, me equivoco de codón con el pulgar y ya cantar encima parece imposible – podré, sé que podré.

Eso que me suena tan mal es el Fa. No sabéis lo que me duele la muñeca. O sí.

Parece que no puedo remediar tocar esta canción – tercer chascarrillo del post, una ovación, por favor -, y no es así. Bueno sí, pero intento otras muchas. Intentad adivinar cual es esta:

Ni siquiera yo sé qué estoy tocando aquí.

El ritmo es diferente y es fácil perderse si no practicas con metrónomo. Cosa que sí hago aunque no se note. Desgraciadamente, tanto la mierda de micrófono que uso como el metrónomo está en el mismo dispositivo y no puedo usar los dos a la vez sin que el micrófono capte el metrónomo. La cosa mejora con un tac-tac marcando el ritmo. Mucho.

Y otra canción con el mismo ritmo.

Esta en Sol#, con lo que no muevo el capo. Como podéis apreciar, soy un poco carca musicalmente hablando.

Soy consciente de mis fallos, pero lo que he mejorado cantando en dos meses es épico.

El acorde con el que me oís pegarme es un Do#m – en el tono en el que lo estoy tocando. No tengo problema con la forma, el tercer acorde es idéntico salvo que dos trastes más abajo – en el tono, yo bajo hacia arriba y subo hacia abajo, me resulta más cómodo -. La diferencia es lo cerca que tengo la mano. Y sí, este también tiene cejilla, pero me resulta más sencillo.

Esta canción la he cantado más de oído, aunque necesito la partitura para saber qué hacer en el ¿puente? ¿estribillo?. Y sí, la desafino, lo sé, y en parte es culpa de mi torpeza con la guitarra. La necesito para entonar, si toco mal un acorde ya me voy del todo. La otra parte es que me olvido de prestarle atención a mi voz. La otra es que tengo la atención dividida…

Bueno, a seguir con la práctica diaria. A más tardar nos leemos el lunes de la semana que viene.

¡Hasta pronto!